Con la Revolución Industrial aparecieron los primeros inventos tecnológicos, sustituyendo el trabajo manual por el mecánico, por lo que la industria ocupo un lugar importante, permitiendo incrementar el rendimiento del trabajo y cambiando la estructura de la población. Todos estos cambios ocasionaron efectos en el ambiente de trabajo, en los medios y en la persona del trabajador; como ocurrió con la jornada laboral que se extendió entre 15 a 20 horas, ocasionando un impacto en la vida familiar por medio del deterioro de la salud, estados de cansancio, trato inhumano y salarios mínimos, incrementado así el auge del capitalismo.
Gracias a los aportes de Frederick Taylor (1911) y Henry Ford (1913), se conoce la denominada producción en serie llevando al factor humano a la búsqueda de un mayor rendimiento. Por medio de la racionalización de la producción se considera al individuo como un factor del proceso productivo, permitiendo conceptualizar el recurso humano en la fase de internacionalización del modelo industrial capitalista desde el punto de vista de la eficiencia. La productividad y la eficiencia dependen cada vez más de la especializada utilización de los recursos, permitiendo la división del trabajo y cualificación del trabajador; creándose instituciones capaces de garantizar la estabilidad entre gobierno, empresarios y trabajadores para regular las condiciones de trabajo, las cuales junto a otros eventos económicos y políticos, permiten a las economías industrializadas un largo periodo de prosperidad.
Con el transcurrir de los años el mundo fue desarrollando nuevas necesidades, para las cuales el modelo fordista parecía no responder ante la realidad. Obligando a las empresas y al gobierno a dar solución ante las nuevas condiciones del mercado significando una importante desestructuraión y estructuración de las distintas formas de regulación socioinstitucional.
En la década de los sesenta los avances tecnológicos causaron grandes impactos en el ámbito económico, organizacional, competitivo y laboral por cuanto el trabajo físico y poco calificado daba paso a un trabajador especializado, educado y no fácil de intercambiar como ocurría en la línea de montaje. Estos avances tecnológicos permitieron que la organización se adaptara a un entorno cambiante, en algunos casos modificaba procesos productivos de forma radical, dando paso de esta manera a la producción flexible la cual permite reprogramar el proceso y adaptarlo a la demanda.
La flexibilidad caracteriza a la organización por su diversidad, precariedad en la estabilidad laboral, subcontratación, variedad de patronos, individualización del proceso de trabajo, trabajo en red, trabajadores temporales, a tiempo parcial o por tarea; estos cambios han exigido modificaciones en el perfil de los trabajadores, ya que se contrata aquellos con competencias bien definidas.
Otra amenaza de la flexibilidad laboral es la pérdida de poder de la acción sindical debido a la individualización de la contratación y a la fragmentación de las empresas vinculadas a través de redes.
Las diferentes formas de trabajo flexible abren brechas cada vez más profundas en el derecho de trabajo, lo que ocasiona modificaciones en el sistema laboral.
Gracias a los aportes de Frederick Taylor (1911) y Henry Ford (1913), se conoce la denominada producción en serie llevando al factor humano a la búsqueda de un mayor rendimiento. Por medio de la racionalización de la producción se considera al individuo como un factor del proceso productivo, permitiendo conceptualizar el recurso humano en la fase de internacionalización del modelo industrial capitalista desde el punto de vista de la eficiencia. La productividad y la eficiencia dependen cada vez más de la especializada utilización de los recursos, permitiendo la división del trabajo y cualificación del trabajador; creándose instituciones capaces de garantizar la estabilidad entre gobierno, empresarios y trabajadores para regular las condiciones de trabajo, las cuales junto a otros eventos económicos y políticos, permiten a las economías industrializadas un largo periodo de prosperidad.
Con el transcurrir de los años el mundo fue desarrollando nuevas necesidades, para las cuales el modelo fordista parecía no responder ante la realidad. Obligando a las empresas y al gobierno a dar solución ante las nuevas condiciones del mercado significando una importante desestructuraión y estructuración de las distintas formas de regulación socioinstitucional.
En la década de los sesenta los avances tecnológicos causaron grandes impactos en el ámbito económico, organizacional, competitivo y laboral por cuanto el trabajo físico y poco calificado daba paso a un trabajador especializado, educado y no fácil de intercambiar como ocurría en la línea de montaje. Estos avances tecnológicos permitieron que la organización se adaptara a un entorno cambiante, en algunos casos modificaba procesos productivos de forma radical, dando paso de esta manera a la producción flexible la cual permite reprogramar el proceso y adaptarlo a la demanda.
La flexibilidad caracteriza a la organización por su diversidad, precariedad en la estabilidad laboral, subcontratación, variedad de patronos, individualización del proceso de trabajo, trabajo en red, trabajadores temporales, a tiempo parcial o por tarea; estos cambios han exigido modificaciones en el perfil de los trabajadores, ya que se contrata aquellos con competencias bien definidas.
Otra amenaza de la flexibilidad laboral es la pérdida de poder de la acción sindical debido a la individualización de la contratación y a la fragmentación de las empresas vinculadas a través de redes.
Las diferentes formas de trabajo flexible abren brechas cada vez más profundas en el derecho de trabajo, lo que ocasiona modificaciones en el sistema laboral.
Fuente: Peñaloza., Marlene. “Los paradigmas de la producción y su impacto en el mercado laboral” ” Visión Gerencial. Nº 47 mayo-agosto 2007.

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